hagane-no-hana

Yo no soy el tipo de chica del que siempre te advierten. No voy a romperte el corazón, no voy a besar a un amigo tuyo, no voy a hacer drama por cualquier insignificancia, no voy a hacer escenas, no voy a obligarte a hacer algo que no quieras, ni molestarme si no accedes. No voy a culparte por todos los problemas que lleguemos a tener, si me molesto, voy a decirte la razón y lo hablaremos. No voy a esperar que mágicamente adivines el porqué y me ruegues hasta que te perdone. Tampoco voy a obligarte a elegir entre algo y yo. Mucho menos voy a prohibirte hablar con otras mujeres, ni siquiera me molestaré cuando lo hagas. Siempre voy a apoyarte, voy a estar ahí cuando estés triste, te amaré más que a nada y me quedaré contigo hasta que tú decidas lo contrario. Y lo peor es que, al parecer, ya lo decidiste. Porque nada de esto te pareció suficiente.

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Que yo nunca he deseado darle a alguien toda mi vida, formar una de esas parejas que construyen una burbuja de “amor” que lo único que tiene dentro son dos personas con una total y absoluta dependencia mutua. Nunca soñé dejar a todos los que quiero de lado por estar a todas horas con él. Y no necesito ser de esas que rozan la depresión si un día no lo veo porque está ocupado. O ser de las que se quedan encerradas en su casa un sábado por la noche porque él no sale. Porque yo busco una persona a la que no le voy a dar toda mi vida, pero sí vamos a compartirla. Que yo no quiero que seamos una sola alma, si no dos cuerpos que se siguen buscando. Que yo necesito salir con más gente para darme cuenta de la suerte que tengo, para echarle de menos cuando no está, para pillarle con más ganas, para que al verle la rutina no nos abrace, y besarle concentrando todo el universo en ese instante. En resumen, que lo bonito no es tener a alguien que sea dueño de tu vida, si no que te lleve de la mano en ella, acompañándote.